Soy humana, no soy más ni menos que, ¿soy feliz? A veces. Tengo una vida construida por un millón de momentos, mil personas, cien billetes, diez valores, un amor, todo ello organizado como si de pequeñas piezas de un rompecabezas se tratasen. Mi rutina de septiembre a junio es repetitiva y en ocasiones me hace caer en un estado bastante próximo al mal humor. Mis veranos, que abarcan des de medianos de junio, julio, agosto y principios de septiembre, son intensos a veces, porque días sí y días también me los paso en casa de forma aburrida, y solo en esas ocasiones, añoro la rutina del escribir, del trabajar, de prestar más atención a las moscas que a la palabra de un profesor, del reír en horas de recreo. Es también en esos veranos en los que sentada espero la repetición del verano del amor de 1967, que regresen los pantalones de campana, las cintas, las blusas manchadas y la cabeza a reventar de los Beatles, que vuelva a sonar “All you need is love”, que renazca el movimiento bohemio, la marihuana, viajes a Tijuana, las sonrisas que simbolizan un “te quiero”, una sociedad sin poder del dinero, para todos una alegría más fuerte que el acero, una mirada cargada de amor, 100% esperanza y un 0% dolor. Loca quizás, soñadora en mayor parte, no pensaré en lo que tengo ni en lo que soy, si no en lo que quiero alcanzar y en lo que quiero ser. Escribo demasiado y más de uno me infravalora por mí edad, quiero caerme y poderme levantar, aprender y jamás decir que lo sé todo, jamás cambiar mi modo, construir una vida en la cual no pueda caer en el lodo, amar a alguien, con mis compañeros trabajar codo con codo, y ante todas mis imperfecciones que a su vez me hacen perfecta para mí, sentirme bien.
Bohemiascent

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